Escucha la llamada del cambio.

La vida nos lleva por caminos que si lo pensamos, no elegiríamos por voluntad propia. No necesita ser un evento trágico o dramático, basta con despertar un día sintiéndonos “diferentes”: De pronto ya nada es igual, una creciente incomodidad en nuestro interior, nos anuncia la inminente necesidad de cambio. Al principio parece gritarnos, exigir atención; las dudas y la incertidumbre se hacen presentes y es aquí donde muchas veces decidimos ignorar nuestras emociones, seguir con la rutina.

En este mundo tan ocupado y agobiante, donde nadie tiene tiempo de sobra y todo queda para después; ignorar ese creciente desasosiego puede traer más consecuencias de las que creemos. Al final de cuentas, estamos negando una parte esencial de nosotras mismas; las emociones son la brújula natural de nuestro ser, nos avisan cuando algo está alineado a nuestra esencia, cuando se siente bien o no, si estamos frente a una situación de peligro, cuando la experiencia ha abierto alguna herida que hay que sanar o celebrar el fin de un ciclo y comenzar a sembrar.

Negarnos a nosotras mismas la necesidad de un cambio, de redefinir el rumbo y alinearlo a nuestro verdadero ser puede resultar en una serie de malas decisiones y experiencias negativas. Seguir con la rutina, con la comodidad y la certeza, poco a poco nos aleja de los nuevos retos que nos harán crecer y perfeccionarnos. La supresión habitual de nuestras emociones provoca lentamente un estado de vacío y aturdimiento; conforme pasa el tiempo, dejamos de sentirnos incómodos y regresamos a la cotidianeidad sin haber reconocido que la gran oportunidad de expansión se perdió diluida en el miedo al cambio.

Sin duda lo nuevo asusta, nos enfrenta a lo desconocido, a la incertidumbre. Pone a prueba nuestros conocimientos y habilidades, pero sobre todo la conciencia de nosotras mismas y la imagen que tenemos y que proyectamos a los demás. Nos asusta quedar mal, errar, equivocarnos, vernos expuestas. Y ese miedo puede sentirse como una cuestión de vida o muerte.

Es en estos momentos cuando la práctica espiritual nos ayuda a centrarnos, a encontrar en nuestro interior el valor y la confianza para comenzar a dar pequeños pasos hacia adelante. Por ejemplo, meditando. En el silencio podemos encontrar el significado de la sensación de incomodidad, recuperar el mensaje que la nueva oportunidad tiene para nosotros, podemos recobrar el ánimo y comenzar a dirigir nuestros pensamientos a la expansión.

Entrar en contacto con nuestra esencia, con nuestro verdadero yo, es el tan ansiado balance que nos mantiene a flote en momentos de incertidumbre. Dejando atrás poco a poco los aspectos superficiales de nuestra personalidad, vamos retomando confianza en nosotras mismas, reconocemos nuestro poder interno y nos llenamos de valor. No dejemos que el miedo y las opiniones ajenas nos detengan. Reconozcamos lo valioso del cambio, la necesidad de crecer y avanzar; si en tu interior hay una voz que te impulsa a salir de tu rutina y la comodidad, escúchala, te llama, una versión mejorada de tí misma está en proceso de creación.

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